
Erase una vez un chico que amaba la música, pasear, leer, correr, escribir, ir en bici, hacer teatro... Nunca encontraba tiempo para hacerlo con regularidad, solo alguna vez le podía dedicar tiempo porque ese día daban fútbol o televisaban su programa favorito o había una película muy interesante... Al día siguiente siempre le quedaba el gusto en la boca de que le hubiera gustado hacer alguna de las cosas que tanto le encantaban y se decía que esa tarde sería diferente, pero esa tarde le llamaban para hacer café o para jugar a la consola o para tomar cervezas...
Un día encontró un Blog donde contaban la historia de un Unicornio que concedía deseos, que solo tenías que saber llamarlo, creer con fe que tu deseo ya estaba en camino y estar feliz de ser tú mismo. Se dijo que lo iba a intentar y pidió encontrar a la mujer de sus sueños. Nada más pedirlo sintió alguna duda pero como no sé podía dudar del deseo o no se concedería empezó a autoconvencerse de que esa mujer ya estaba en camino, buscándole, esperando tan ansiosa de encontrarle como él lo estaba de encontrarla a ella. Algún día, se decía, algún día cuando menos lo espere la conoceré, pero no sé como sabré que la he conocido. Empezó a decirle a todo el mundo lo feliz que estaba de ser el mismo, estaba tan feliz que le apetecían hacer cosas que le llenaran más que ver una peli, fútbol o su serie favorita. El primer día se fue a correr, por el camino encontró a una amiga que estiraba sobre una pequeña vaya y se pusieron a hablar un rato. Ella le dijo que al día siguiente iría a un concierto, si quería ir con ella y sus amigos. Al día siguiente jugaba su equipo de fútbol por televisión, pero se dijo que por un día que no lo viera no le pasaría nada y accedió a ir. Al día siguiente fue al concierto en la plaza del pueblo con el grupo, lo estaba pasando genial con todos cuando empezó a llover y tuvieron que salir corriendo a resguardarse. Pensó que tenía mala suerte, que por un día que se iba de concierto le había salido rana. Entonces uno de los chicos vio la puerta abierta de un antiguo edificio y se metieron dentro mientras duraba la lluvia. Misteriosamente el edificio estaba vacío completamente, era un antiguo teatro, no tenía butacas, ni cortinas, solo el escenario, lo que había sido el patio de butacas y habitaciones que debían haber servido como camerinos. No tenía indicios de que nadie hubiera estado allí haciendo vandalismo, ni durmiendo, ni haciendo botellón. Al principio les dió miedo el lugar, pero a medida que fueron explorándolo vieron que era un sitio genial de reunión. Desde ese día empezaron a reunirse allí y jugaban a representar obras cortas de teatro, donde ellos eran los actores y el público. Como le quedaba un poco lejos de casa solía ir en bici. Un día pinchó a medio camino y tuvo que terminar el resto del camino paseando con la bici cuando, en un escaparate vio un libro que le llamó mucho la atención por alguna razón. Debieron ser sus colores tan vivos o que hablaba sobre reflexología o ambas cosas. Entró, lo compró y se fue con su nuevo libro al "Palace", como llamaban ellos al teatro y, se lo enseñó a sus compañeros. El libro hablaba de la conexión de todo el cuerpo con puntos concretos en manos y pies, técnicas para masajear y, los resultados tan beneficiosos para la salud que provocaban. Todos quedaron fascinados con lo que contaba ese libro y decidieron hacer parejas donde cada uno practicaría con su compañero, haciendo piques a ver quien lo hacía mejor. En un par de semanas ya sabían prácticamente de memoria donde tocar para sanar cualquier parte del cuerpo. En esas, nuevos amigos que habían escuchado hablar del "Palace" se unían a ellos aportando nuevos entretenimientos. Uno de los chicos nuevos propuso hacer música por la buena acústica de la sala y, nuestro protagonista propuso traer bidones de metal para hacer percusión. Dicho y hecho en un par de días ya tenían bidones, barras y utensilios de metal que podrían hacer buena combinación. Empezaron a practicar ritmos y se lo pasaban genial experimentando cambios de intensidad, fuerza, sonido... En un par de meses se vieron tan bien tocando que organizaron una fiesta para todo el que quisiera venir a escucharles. Fue todo un éxito, había decenas de personas dentro de la sala cuando nuestro protagonista se dirigía a aparcar la bicicleta a la entrada. Entusiasmado mirando hacia dentro no se acordó de mirar para adelante y chocó contra algo. Al girar la vista al frente vio una chica recogiendo la bici con la que acababa de chocar la suya. Ella le dijo con una sonrisa en los labios que esperaba que guardara más cuidado en la carretera que en la acera. El se ruborizó y al mirarla a los ojos fue como si se asomara a la noche, donde necesitas unos segundos para poder enfocar una imagen. Cuando volvió en si ella estaba entrando en la sala y se perdía entre el público. Ensimismado, más torpe de lo habitual, fue a trompicones hasta el escenario donde se preparaban sus compañeros. El concierto fue un éxito, a la gente le encantó como tocaron y los estuvieron felicitando. Él, buscaba entre el público a esa chica misteriosa, preguntó si alguien conocía a una chica de esa descripción y nadie sabía de quien hablaba. Así que salió a buscar su bici y allí estaba ella. Le estaba esperando para felicitarlo con más intimidad, le dijo que se le daba mejor golpear un bidón que mirar para adelante y ambos rieron. Así que hicieron parte del camino juntos paseando con las bicis a remolque. Por el camino ella le dijo que eran buenos, que deberían dar más conciertos, pero que fueran legales y bien organizados. Que ella se ofrecía a ayudarles como manager porque conocía muchos locales. Así fue como empezaron a verse para ir organizando los conciertos. Iban juntos en bici al "Palace" porque resulta que habían vivido cerca toda la vida y sin embargo no se conocían. La vuelta a casa la solían hacer andando contándose como crecieron en el mismo barrio riendo de ver que no habían coincido nunca.A ella le encantaba que él interpretara papeles mientras caminaban de vuelta, papeles que él había ensayado con sus amigos tiempo atrás en el "Palace" y reía sin parar cada una de sus muecas, gestos y acentos. Una tarde ella tenía dolor de cabeza y el se ofreció a darle un masaje en la mano, como había aprendido con su libro tiempo atrás. Al tocarle la mano la notó caliente, húmeda, pero no le dió importancia y fué masajeando suave mirándola a esos ojos tan profundos. Cuando acabó sus ojos miraban diferente, con un brillo especial y él tembló como si un escalofrío recorriera su espalda, bordeara su cuello y le bajara hacia el estómago. No dijeron nada más en todo el camino de vuelta.
Pasaron los días y no volvió a verla, parecía que se la había tragado la tierra. La echaba mucho de menos, sus risas, sus gestos, sus conversaciones, sus paseos, sus ojos... esos ojos...
Dos semanas después se fue a correr y paró a estirar en el mismo punto donde empezó todo, donde se encontró con su amiga, que le invitó al concierto, que les llevó al "Palace", donde aprendió a interpretar, a hacer reflexología, a tocar música, donde la conoció a ella, parecía estar todo interconectado. Concentrado en un punto, con la mirada perdida reflexionando sobre eso se acordó de su deseo al Unicornio y entonces sonó un timbre de bicicleta, se volvió y la vió a ella, dirigiéndose hacia él. Tiró la bici le miró a los ojos y le besó, no podría decir si duró un minuto o una hora, porque el tiempo se había parado, el sonido de la calle no llegaba a sus oídos y sus sentidos solo estaban para la persona que tenían delante. Ella le dijo que le había echado mucho de menos, que desde que le toco de esa manera la mano no había podido dejar de pensar en él, le dió miedo y por eso dejo de ir al "Palace" pero que estando sola, sin verle había comprendido que lo que sentía no era miedo sino Amor.
Desde entonces son muy felices y siempre quedan para leer juntos los cuentos del
Unicornio Ibicenco

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